Somos arqueros de la felicidad de nuestros hijos
Podría ser la frase que resume el poema de Khalil Gibran que, en ocasiones, leemos en nuestras catequesis prebautismales tras haber reflexionado ampliamente sobre el sentido del Sacramento y tras haberles intentado transmitir nuestra experiencia como padres cristianos que sienten el valor libertador del mensaje de Jesús. ¿Por qué leemos un poema tan ajeno a nuestro entorno ? para hacerles ver que, como padres, no hay distinción de razas ni creencias, que a todos nos une un anhelo vital: la felicidad de nuestros hijos, en todos los ámbitos. “Tus hijos no son tus hijos/ son hijos e hijas de la vida/ deseosa de sí misma./ No vienen de ti, sino a través de ti/ y aunque estén contigo/ no te pertenecen…” Éste es el comienzo del poema, y en este aspecto insistimos al comentarlo, pues muchas veces, en nuestra sociedad materialista, tendemos a equiparar la posesión de un coche, de una casa o de un perro, con la “posesión” de un hijo. Y los hijos son un regalo, preciosísimo, de Dios, el Gran Hacedor de todas las cosas, que nos encomienda la difícil tarea de procurar nuestra felicidad y la de los nuestros. El problema surge cuando confundimos la puerta que nos lleva a lograr esa felicidad y no vemos que el camino estrecho del mensaje de Jesús es el más seguro para nuestro objetivo. Dios nos trae a este mundo para ser felices a través de su mensaje de Amor, y es este mensaje el que, de palabra y de obra, proporcionará a nuestros hijos las herramientas necesarias para ser felices: es un gran reto, una gran responsabilidad, celebrar el sacramento del Bautismo de forma consciente, como compromiso de vida en y por Jesús. !Pero merece la pena!. Os trascribo el poema completo, por si queréis leerlo:




El símbolo principal del Bautismo es el agua. Se bautiza con agua. Esto sigue y completa la simbología del mundo antiguo que se nos relata en el Antiguo Testamento.