Durante los meses de verano todo cambia un poco. Cambian las rutinas, los horarios, no hay colegio, jornada reducida en el trabajo, no hay Boletín de Pastoral Familiar, salimos más, estamos más relajados. Todos estos cambios afectan a la vida familiar y también a la pareja. De una manera o de otra, nos permitimos estar más tranquilos en cuanto al ajetreo diario, no corremos tanto, no hay tantos atascos ni tantas prisas, los días se aprovechan más, hablamos más… El verano no es más que un paréntesis en el que muchas cosas cambian momentáneamente. Pero llega la vuelta al colegio, al trabajo, reanudar horarios y rutinas de siempre, otra vez las prisas, los atascos y al final, el día a día que marca nuestras vidas. Pero a veces, este regreso a la tan preciada “normalidad” no es fácil. Y decimos preciada porque realmente así lo pensamos. Las vacaciones están muy bien, pero trastocan tanto nuestras vidas que al final necesitamos nuestra organización diaria ya establecida. Pero, como decimos, este regreso no es fácil y al principio se hace agotador. Todo esto puede afectar a la pareja, se pueden resentir sus ratos de diálogo o sus ratos de oración hasta conseguir ajustar todo el engranaje otra vez. Es por esto, que queremos empezar esta nueva andadura del Boletín con una oración por la pareja. No sé cómo decirte, amado/a, lo mucho que te quiero. Y todo lo que yo te necesito. Te quiero porque te veo alegre. Y porque con humor escuchas mis palabras. Y soportas mis largas confidencias. Te quiero porque te acercas con respeto. Aceptas mis silencios o mis gritos. Me animas cuando caigo. Y me impulsas en mis sueños. No te escandalizas de mi pecado. Ni me condenas por mi limitación. Te necesito, amado/a.
Para recibir tus consejos. Para entregarte lo que tengo. Para compartir mi fe. Para decirte lo que siento. Y para cantar junto a ti. Gracias, amado/a mio/a. Por la transparencia de tu corazón. Y porque a través de ti Puedo ver amplia,serena,alegre y nítida. Una gran sonrisa del mismo Dios.