Comunicarnos con nuestros hijos

De todos es sabido que la comunicación con los adolescentes no siempre es fácil y no siempre somos capaces, los adultos, los padres, de poner en práctica un diálogo adecuado con nuestros hijos. Comunicación y diálogo, en sentido estricto, no sólo “comunicados” mediante los cuales los padres nos limitamos a “indicar lo que nuestros hijos tienen que hacer”.
Cuando los hijos son pequeños los padres aplicamos estrategias de comunicación que nos resultan más o menos fáciles (o al menos así lo percibimos); cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia, nos encontramos que hemos de cambiar de estrategias porque las “viejas” fórmulas no nos sirven. Nos sentimos sorprendidos, descolocados, desconocidos ante situaciones que no terminamos de saber abordar.
La realidad es que necesitamos hablar con nuestro hijo/a. Es necesario “aprender” y poner en práctica la comunicación con nuestro hijo/a. Ellos necesitan ser escuchados, necesitan expresar sus opiniones, justificar sus decisiones y nosotros necesitamos expresar también, por ejemplo, nuestras quejas sobre su conducta o actitud.




La adolescencia, como una etapa más de nuestra vida, tiene sus propias características, su “propia vida”. A lo largo de la misma, los adolescentes “viven” junto a los adultos numerosos episodios. No todos los pasan de la misma manera y los adultos en su relación con el adolescente tampoco. La relación adolescente – padres o tutores es única y depende de tantas variables que resulta ser un “caso” complejo: diálogo, confianza, tiempo que los padres están en casa, posición social, formación, normas, … y un largo etcétera, forman un conjunto de elementos que han de conjugarse bien.
Dentro de este apartado de educación de hijos adolescentes, abordo en esta entrega una parte de la educación para un ocio responsable, concretamente, el consumo de alcohol: “los padres ante el consumo de alcohol”.