Sin embargo nuestra ciudadanía está en el cielo (Flp.3, 20)
Nota de los Obispos de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida.
Por su interés reproducimos un estracto de la nota de los Obispos con motivo de la celebraión el próximo 30 de diciembre de la Jornada de Familia y Vida
2. IDENTIDAD DE LA FAMILIA CRISTIANA
Vivimos inmersos en una sociedad compleja, donde no falta la propuesta de una cultura laica que quiere organizar la vida social como si Dios no existiera. Los obispos españoles advertimos recientemente cómo, en este contexto, es posible que surjan «actitudes de rechazo, o bien, de desconfianza y oscurecimiento de la propia cultura y de la propia fe en el deseo de evitar posibles confrontaciones» . Es decir, nos encontramos ante un debilitamiento de la identidad cristiana, que también afecta a las familias.
El lema escogido para esta Jornada de Familia y Vida nos recuerda quienes somos: hijos de Dios y ciudadanos del cielo. Queremos así fortalecer a las familias cristianas, recordándoles su grandeza y dignidad. Lo hacemos con unas hermosas palabras de S. León Magno que la liturgia del día de Navidad nos invita a considerar: «Cristiano, reconoce tu dignidad. Puesto que ahora participas de la naturaleza divina, no degeneres volviendo a la bajeza de tu vida pasada. Recuerda a qué Cabeza perteneces y de qué Cuerpo eres miembro. Acuérdate de que has sido arrancado del poder de las tinieblas para ser trasladado a la luz del Reino de Dios» .
a) La integración de fe y vida
En particular queremos recordar a las familias cristianas dos rasgos que constituyen su identidad. El primero es la integración de fe y vida. La fe no puede reducirse a una experiencia privada, extraña por tanto a la vida familiar. La fe debe penetrar en la vida de cada uno y en la vida de la familia, manifestándose por consiguiente en todas las dimensiones de la existencia. Los padres cristianos deberán dar ejemplo a sus hijos, en el testimonio de una vida inspirada en el Evangelio y alimentada en los sacramentos, muy especialmente en la Eucaristía dominical.
b) La inserción en la comunidad eclesial
El segundo rasgo que queremos destacar es la inserción en la comunidad eclesial. No hay familia cristiana al margen de la Iglesia. Para esta integración es fundamental el desarrollo de la pastoral familiar, de modo que nuestras comunidades parroquiales sean cada vez más una «familia de familias cristianas» , donde la familia entera pueda participar en la Eucaristía dominical, fuente y cumbre de la vida parroquial. Esta inserción de la familia en la comunidad eclesial se realiza también a través de los movimientos familiares , que deben ser una ayuda para vivir el misterio de la comunión eclesial.
Solamente una familia cristiana con una identidad fuerte será capaz, en estos tiempos adversos, de transmitir la fe y de ser, ante los hombres, signo luminoso de la verdad, la bondad y la belleza del matrimonio y de la familia.
Para leer el documento íntegro:
http://www.conferenciaepiscopal.es/documentos/Conferencia/comisiones/ceas/familia/familia2007.html