BPF Nº11 – Febrero 2008
Estamos en Cuaresma. Tiempo de reflexión, oración y preparación para vivir con intensidad el misterio de la muerte y resurrección de Cristo. Con esta nueva edición del Boletín Pastoral Familiar pretendemos que nuestros lectores cuenten con una herramienta más que les ayude en estos días. Como se nos dice en el Evangelio: ¡Alegraos, estad contentos, porque en el cielo tenéis preparada una gran recompensa!




Que el mundo global gobernado por los medios nos envuelve no es una novedad. Que cada vez se busca más placer de una forma más rápida y cómoda tampoco. Pero tras este mundo de prisas, puede aparecer un libro que nos siente, nos serene y nos haga soñar. Una bonita sensación que hoy, más que nunca, hay que educar.
La adolescencia, como una etapa más de nuestra vida, tiene sus propias características, su “propia vida”. A lo largo de la misma, los adolescentes “viven” junto a los adultos numerosos episodios. No todos los pasan de la misma manera y los adultos en su relación con el adolescente tampoco. La relación adolescente – padres o tutores es única y depende de tantas variables que resulta ser un “caso” complejo: diálogo, confianza, tiempo que los padres están en casa, posición social, formación, normas, … y un largo etcétera, forman un conjunto de elementos que han de conjugarse bien.
El trabajo con las familias viene siendo una de las preocupaciones fundamentales de las plataformas pastorales en los últimos años. Con el lema de la semana queremos poner el acento en que la familia es un agente evangelizador muy cualificado, posiblemente el primero y más importante, y por lo tanto no se trata tanto de evangelizar a la familia, sino en animar a la familia a que sea ella agente evangelizador, es decir, en despertar esta vocación a la que está llamada. 