La oración en familia

Posted on febrero 24th, 2013 in Dimensiones Pastorales,Vocación al matrimonio by

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Nos introducimos ahora en la misión sacerdotal de la familia. La «familia cristiana puede y debe ejercer en íntima comunión con toda la Iglesia, a través de las realidades cotidianas de la vida conyugal y familiar. De esta manera la familia cristiana es llamada a santificarse y a santificar a la comunidad eclesial y al mundo» (FC, 55).

El cometido sacerdotal de la familia consiste, por tanto, en su misión santificación, que tiene su fuente y el medio original en el sacramento del matrimonio, que especifica la gracia santificadora del bautismo. Del sacramento del matrimonio derivan, para los cónyuges, el don y el deber de vivir cotidianamente la santificación recibida, así como la gracia y el compromiso moral de transformar toda su vida en un continuo sacrificio espiritual.

Iniciación al Misterio eucarístico

Pero la expresión máxima del deber de santificación de la familia cristiana se encuentra en la Eucaristía, que está íntimamente unida al matrimonio cristiano.

Corresponde a los padres introducir progresivamente a sus hijos en el Misterio eucarístico. Para ello, conviene seguir un proceso progresivo en el que se vayan recorriendo las siguientes etapas:

introducción en el misterio de Cristo-pan de vida;
enseñar a conocer a Cristo que se entrega por amor; iniciación en la participación de la Santa Misa.
Se trata de seguir la misma pedagogía de Jesús en el discurso del pan de vida (Jn 6): partir de la experiencia humana del hambre para anunciar la Eucaristía. Se trata de familiarizar al niño con la lógica del «signo» querido por el mismo Jesús para expresar su amor y entrega por los hombres.

No se trata de la vida biológica, sino de la vida de la fe, muchas veces frágil, sedienta de comunión y de amor. El niño podrá comprender el valor de esta vida sólo a partir de la vivencia más o menos profunda que sus padres tengan de ella. Sus padres son signo de la vida que Dios nos ha otorgado en Cristo. Experimentar la vida es vivirla como fruto del amor, que la hace existir, es la alegría de la comunión, es perdón que reconstruye la unidad rota y es perpetua renovación de la muerte y la resurrección.

Con su propia vida, los padres pueden también mostrar a sus hijos el dinamismo de la entrega y acogida agradecida del don que se realiza en la Eucaristía. El niño comprenderá que hay personas para quienes lo esencial de la vida es darse hasta el extremo a fin de que vivan aquellos a quienes aman.

Por su parte, la introducción en el misterio de la Santa Misa comporta dos niveles.

Un primer nivel, más elemental, es el de los signos. Hay que hacer comprender al niño que a través de la variedad de los gestos, actitudes y palabras de la Misa, ejercemos en y con Jesucristo los comportamientos que corresponden a un hijo de Dios: alabanza, adoración, acción de gracias, el arrepentimiento reparador, el ofrecimiento y la petición, a partir del propio actuar cotidiano: dar los buenos días, dar las gracias, pedir perdón, pidiendo por favor…no como meros signos de cortesía, sino como muestra de una actitud interior.
El segundo nivel es más profundo. Consiste en ayudar al niño a captar la densidad del Misterio eucarístico en su triple dimensión de Presencia, Sacrificio y Comunión.

Maestros de oración

Una última dimensión que comentaremos en relación con la misión sacerdotal o de santificación de la familia será la educación en la plegaria. Los padres cristianos han de ayudar a sus hijos a ir descubriendo progresivamente el misterio de Dios y a dialogar con él en el coloquio de la oración.

El modo más eficaz de llevarla a cabo es el del propio testimonio personal. Los hijos aprenderán a orar sólo si ven a sus padres orar y si en algunos momentos la familia reza unida. Como afirma FC 59, la existencia cotidiana de la familia debería transformarse en una oración.

La oración familiar

La oración familiar es auténtica si se hace en común y si no está desvinculada de la vida.

Por otra parte, el contenido de la oración familiar ha de ser la misma vida de la familia. Los distintos momentos de la vida familiar han de ser percibidos con una mirada de fe, como señales de la intervención del amor de Dios en la historia de la familia, que espera nuestra respuesta de abandono, súplica o acción de gracias.

FC subraya la estrecha relación que existe entre la oración oficial de la Iglesia y la oración de la familia. Por una parte, la Iglesia ora por la familia cristiana y la educa para que viva en generosa coherencia con el don y cometido sacerdotal recibido de Cristo. Por otra, la oración de la familia ha de ser una verdadera introducción a la oración litúrgica.

Son tradicionales en la vida de la Iglesia algunas formas de oración que preparan y prolongan el culto celebrado en la Iglesia: el ofrecimiento de obras por la mañana, la oración de la noche y la lectura y meditación de la Palabra de Dios. Junto a ellas, revisten un carácter típicamente familiar el rezo del rosario en familia, la consagración al Corazón de Cristo y la bendición de la mesa.

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